presentada por
Menú
El drama de Barcelona

100 segundos para la victoria

En el reloj grande del estadio Camp Nou ya habían transcurrido los 90 minutos de juego reglamentarios. Delante del banquillo, de pie, Mario Basler, autor del gol del FC Bayern, estaba preparado con la camiseta y la gorra de ganadores. Pero al equipo bávaro, en la final de la Champions League, que le enfrentó al Manchester United, le terminaron sobrando 100 segundos para conseguir el triunfo.

"Nuestro asistente Charly, ya venía con el cubo para enfriar el champán. Me dí la vuelta, entonces hubo un saque de esquina y poco después los gritos de los ingleses. Como decía, tenía puesta la gorra, el champán estaba allí – estaba todo preparado", recordaba Basler sin muchas ganas, esa amarga noche de fútbol.

En el tiempo de descuento

El martes se cumplen diez años desde aquella final – pero tantos años después las imágenes de la derrota por 2:1 de aquel 26 de mayo de 1999 siguen doliendo. "No he visto nunca las imágenes en vídeo – hasta ahora. Y me parece increíble", reconocía Stefan Effenberg.

Junto al entrenador de entonces Ottmar Hitzfeld, Effenberg y Basler volvieron a ver esas imágenes. Como los aficionados del club entre los 90.000 espectadores en el Camp Nou y entre los millones por televisión, contaban ya con la victoria, hasta que Teddy Sheringham (90.+1.) y Ole Gunnar Solksjaer (90.+3) en el descuento destrozaron todos esos sueños.

Un palo

"¡Ya el 1:1 fue un palo! Sólo pensé: vaya hombre, ahora tenemos que jugar la prorroga, otra media hora y el Manchester tiene ahora ventaja psicológica al haber logrado empatar. Eso estaba pensando – y entonces hubo otro saque de esquina", explicaba ahora Hitzfeld esos amargos momentos.

Del cielo al infierno – en 100 interminables segundos del tiempo añadido, el FC Bayern pasó de alcanzar las estrellas al drama. Consternados se sentaron los jugadores del Bayern en el cesped tras el pitido final, algunos lloraban y otros simplemente miraban al vacío en el estadio.

Como idos

"Estábamos todos como idos, no me daba cuenta de lo que pasaba a mi alrededor. Era como un espectro", recordaba Michael Tarnat. "Sólo había vacío". "Nos ha pasado lo más cruel", fueron las palabras del "Kaiser" Franz Beckenbauer en el tradicional banquete a medianoche, y continúo: "el equipo ha jugado sensacionalmente".

El portero Oliver Kahn fue el que tuvo la reacción más extrema. El ambicioso capitán no acudió al banquete, se negó a hacer comentarios y se encerró en su habitación del hotel después del que había sido su partido número 50 en la Copa de Europa. También Tarnat y Thorsten Fink ("para mí no había nada que celebrar") prefirieron estar sólos.

Triunfo en Milán

Otros llevaron de otra manera la frustración: Basler bailó hasta el amanecer. "No me hubiera podido ir a la habitación, seguramente hubiera tirado la televisión por la ventana. Primero comimos y luego empezamos a beber. Alguien empezó a bailar y poco a poco más gente, la música estaba más alta y la bebida entraba mejor. Bueno y así al final pues nos soltamos el pelo. Había también muchos jugadores", recordaba Basler.

Effenberg se juró esa noche hacerse con el título en otra ocasión. Y así fue dos años después, cuando el FC Bayern se impuso en los penaltis al Valencia en Milán. "Así superamos aquel drama", remarcó el presidente de la directiva Karl-Heinz Rummenigge.