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"Fue impresionante"

Bayern visita al Papa Francisco

Había razones suficientes para dormir hasta tarde tras la gala contra el AS Roma y la victoria 7-1 en la Champions League. Pero menos de 11 horas después de haber terminado el partido el Bayern ya estaba de pie, vestido con sus mejores prendas y dispuesto a atender una cita que los tenía entusiasmados. Del hotel se partió rumbo al Vaticano donde este miércoles en la mañana el equipo bávaro tuvo el punto culminante de su visita a la Ciudad Eterna: una audiencia privada con el Papa Francisco.

La alegría del Santo Padre también fue evidente. Poco antes de la partida solicitó información sobre si ya estaban en camino y el bus que transportaba al Bayern fue el primero en ingresar al patio del Vaticano, algo que nunca antes había ocurrido. En el Palacio Apostólico, la residencia del Papa, la delegación del campeón de la Bundesliga esperó por el Pontifice.

Cuando el Papa arribó, expresó su admiración por el partido que el Bayern había jugado la noche anterior: “Qué lindo juego entregaron” dijo en italiano a los jugadores, los asistentes, y los directivos del club, y agregó a manera de confesión que le “soprendió” el abultado resultado. “Fútbol es bueno y saludable para el espíritu colectivo, y da un buen ejemplo a los niños”, complementó.

Karl-Heinz Rummenigge, que juntó a  Karl Hopfner y el resto de la mesa directiva del club alemán encabezó la delegación, también agradeció en italiano al Papa la amabilidad de haberles recibido: “Este es un gran honor para todos nosotros”, dijo. El funcionario le entregó al Pontifice un balón firmado por todos los jugadores que simboliza el verdadero regalo del Bayern a su Santidad: un millón de euros para actividades de beneficencia y caridad tras disputar un partido amistoso. El capitán Philipp Lahm y Manuel Neuer también le entregaron al Papa una camiseta del equipo enmarcada que lleva el número 1, los autógrafos de la plantilla y el nombre “Franziskus” (Francisco) impreso en el dorsal.

El Papa vio jugar en persona a Rummenigge en la final del Mundial 1986 en México, contó su Santidad en la audiencia antes de proceder a entregar a cada uno de los visitantes un regalo de su parte: una cadena con un pequeño crucifijo. “Fue impresionante para todos nosotros” declaró Philipp Lahm al finalizar la visita de 15 minutos. “Estamos felices de haber podido vir una experiencia como esta, es de lo más grande que me ha sucedido en la vida” dijo conmocionado David Alaba, que resumió el encuentro con el Pontifice diciendo “¡impresionante!”.