
Cuando suena el teléfono, Glenn van den Brink está trabajando. De fondo resuena el eco, en algún lugar pita una carretilla elevadora, el metal rueda sobre el hormigón. Glenn trabaja en un gran almacén, habla con calma, con amabilidad, concentrado… pero sus pensamientos se van enseguida al fútbol y a la próxima visita de su FC Bayern al PSV Eindhoven (miércoles, 21:00). «El Bayern siempre encaja», dice entre risas. Su voz rebosa energía. Glenn no es de los que hay que “poner en situación”.
Para Glenn, un partido del Bayern en Países Bajos nunca se siente como un desplazamiento clásico. «Cuando el Bayern juega aquí, para mí es como un partido en casa en el extranjero», dice. «Ya por la mañana sé: hoy va a ser un buen día». Glenn tiene 32 años, vive en Vianen y forma parte del club de fans FC Bayern Holland, fundado en 2012 y que hoy cuenta con más de 650 miembros. Una gran comunidad rojo y blanca en un país que, en realidad, piensa en naranja.
«En su día nos dimos cuenta de que en Países Bajos no había ningún club de fans del Bayern», cuenta Glenn. «Así que lo fundamos sin más. Queríamos echarnos una mano, conseguir entradas, ver los partidos juntos… y de ahí han salido amistades de verdad».
Un recuerdo de infancia que lo desencadenó todo

La historia de Glenn con el Bayern empieza pronto. «Tenía seis años y, de camino a las vacaciones, siempre pasábamos por delante del Allianz Arena. Cada vez decía: quiero volver a ir ahí».
De ese deseo nació la curiosidad; de la curiosidad, la pasión. Glenn empezó a ver partidos, a aprenderse los jugadores de memoria y terminó perdiendo el corazón definitivamente por el FC Bayern. «El Bayern es parte de mi vida», dice con calma. «Un club que se quedará para siempre en mi corazón». No suena grandilocuente. Suena sincero.
FC Bayern Holland: organizado, conectado, familiar
El club de fans se organiza sobre todo a través de un gran grupo de Facebook, que se ha convertido en su punto de encuentro digital. Entradas, viajes, quedadas… todo pasa por ahí. Glenn lo define como una comunidad real. «Los aficionados ayudan a los aficionados. Así de simple». También mantienen contactos más allá de las fronteras, por ejemplo con clubes de fans alemanes como Red Dynasty. Ese intercambio es importante, dice Glenn, especialmente para los desplazamientos. «Enseguida te das cuenta: da igual de dónde vengas, los aficionados del Bayern funcionan de forma parecida».
Rituales, identidad y una camiseta con historia
Para Glenn, el día de partido del Bayern es sagrado. «Veo todos los partidos. Sin el Bayern, mi fin de semana no está completo». En casa, tiene un ritual fijo: una maqueta pequeña del Allianz Arena que se ilumina en rojo justo al comienzo. Bufanda y camiseta listas; casi siempre con el nombre de Thomas Müller a la espalda. «Es mi jugador», dice Glenn. «Incluso tengo su primera camiseta, de su temporada de debut. El año pasado me la firmó». Su lista de ídolos va desde leyendas como Bastian Schweinsteiger y Philipp Lahm, pasando por Arjen Robben y Franck Ribéry, hasta el presente. Y ahí es donde Glenn se pone especialmente claro.
Por qué Pavlović es, para él, un símbolo

Cuando la conversación llega a Aleksandar Pavlović, el tono de Glenn cambia. Se concentra aún más. «Su evolución habla por sí sola», dice. «Eso es exactamente lo que quiero ver». Para Glenn, Pavlović no es una casualidad, sino un ejemplo. «Un jugador de la cantera que se lo gana todo, que asume cada paso y mejora. No se rinde nunca».
A Glenn le gustan este tipo de futbolistas. Quizá también porque reflejan algo que para él es importante: insistir, trabajar, crecer. En una línea parecida habla de Dayot Upamecano, que bajo las órdenes de Vincent Kompany, según su visión, ha dado un gran paso. «Es mucho más sólido. Ojalá renueve».
Eindhoven, perfecta para un desplazamiento
Cuando el Bayern juega en Eindhoven, Glenn se convierte casi automáticamente en anfitrión. Conoce la ciudad a la perfección. La describe como joven, moderna y abierta, marcada por la tecnología, el diseño y la historia de una gran marca industrial. Para los aficionados del Bayern que viajen, recomienda no reducir el día de partido solo al estadio. Una comida tranquila en el Rodeo Steakhouse, una cerveza en ’t Lempke y, quizá, seguir luego hacia Stratumseind, la calle de bares más larga de los Países Bajos, con más de 50 locales. «Eindhoven es una ciudad amable y segura», dice Glenn. «Se charla fácil, sobre todo si vas vestido de rojo».

Trayectos cortos, viaje cómodo
Desde la estación central o la estación Strijp-S solo hay unos 15 minutos a pie hasta el Philips Stadion. «Es realmente fácil», dice Glenn. «Básicamente solo tienes que caminar con la gente». También hay aparcamiento, pero el tren es la opción más cómoda.
Por mucho que Glenn aprecie Eindhoven, su momento más emotivo con el Bayern lo vivió en otro lugar: Londres, 2013, Wembley. «Cuando marcó Robben, tenía lágrimas en los ojos», recuerda. «Fue el momento que nos une para siempre a los aficionados del Bayern». Se nota que para él ese instante es más que un recuerdo: es un punto de referencia.
El mensaje de Glenn para todos los aficionados del Bayern
Para terminar, Glenn lo deja claro: «Tomad vuestro tiempo para conocer la ciudad, disfrutad del día, tomaos una Bavaria y animaos con fuerza, pero con respeto».
Y vuelve a reírse: «Y traed los tres puntos a casa». Para él, una cosa está clara: el Bayern está en casa en todas partes. También en Holanda.

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