
Edna Imade está sentada relajada en un banco de pesas, con las manos sobre los muslos y las zapatillas de correr firmemente ancladas al suelo. La suave luz del sol español de enero entra por las ventanas del gimnasio y baña la sala con un cálido resplandor. Afuera, detrás de las palmeras y el aire titilante, se encuentra el terreno de juego. Dentro reina un silencio concentrado, solo roto por el suave tintineo de las pesas. Entonces pronuncia sus primeras palabras. «Hola, soy Edna», dice. En alemán. Valiente y decidida. Un momento después, se ríe a carcajadas, sorprendida de sí misma. Una risa cordial que llena la sala. Esta joven de 25 años tiene una presencia que no intimida, sino que invita. Apenas habla alemán, solo algunas palabras sueltas, algunas frases de cortesía como «danke» y «bitte». Pero esta frase encaja. Cuatro palabras que esconden toda una vida.
Antes de lo previsto
Desde hace unos días, Edna forma parte del FC Bayern femenino. Seis meses antes de que finalizara su cesión, regresa a su nuevo club, donde firmó su contrato en verano. El anterior fin de semana había vuelto a demostrar su clase en España. En el emocionante 5-5 del club en el que estaba a préstamo, la Real Sociedad San Sebastián, contra el Atlético de Madrid, marcó tres goles. Una despedida perfecta del País Vasco. «Tres goles y ya estoy aquí», dice con una sonrisa. «Es un gran cambio, un nuevo capítulo, otra vez un cambio. El equipo me ha recibido muy calurosamente. Estoy deseando pasar aquí este tiempo». La sonrisa permanece.

Para la delantera comienza ahora un nuevo capítulo, uno que la llevará a los grandes escenarios de la Bundesliga, la Copa DFB y la Champions League. Sin embargo, el inicio de su viaje no tendrá lugar en Múnich, sino en el campo de entrenamiento en el sur de España, no lejos del hogar de su familia. Edna creció en Carmona, una pequeña ciudad al noreste de Sevilla, idílicamente situada a orillas del río Guadalquivir. «Aquí pasé mi infancia», cuenta. «Aquí crecí con mi familia y mis amigos. Y también es el lugar donde comenzó mi amor por el fútbol».
La decisión de una madre
Pero la historia de Edna no comienza aquí, no con el balón en los pies. Comienza en un lugar que ella apenas puede recordar y que, sin embargo, lo determina todo. El 5 de octubre de 2000, ella y su hermano gemelo Paul vienen al mundo. Huyendo hacia España.

La madre de Edna es originaria de Nigeria y vivía en Benin City. Una ciudad en la que, en algún momento, la vida se volvió demasiado agobiante y el futuro demasiado limitado. Violencia, falta de perspectivas, inseguridad. Conceptos que parecen lejanos hasta que se convierten en tu propia realidad. La madre de Edna toma una decisión. Se marcha. «Mi madre quería venir a España porque iba a tener gemelos y quería ofrecernos una vida mejor». Es el comienzo de una odisea, una huida a través del Sáhara, entre calor, arena y agotamiento. Quien atraviesa este desierto deja atrás muchas cosas: tiempo, fuerzas. La madre de Edna emprende este camino.
«Después del nacimiento, cuando teníamos tres o cuatro meses —nacimos en Marruecos—, nos fuimos a España». Pero primero vino el mar, esa frontera engañosa entre la esperanza y la pérdida. La travesía se realiza en una patera, una embarcación de madera. Poco antes de llegar a la costa española, ocurre lo casi inimaginable: una ola, una sacudida, y el pequeño cuerpo de su hermano Paul se desliza de repente al agua. Gritos. Pánico. Un hombre se lanza al agua y lo rescata. Edna es un bebé, no tiene recuerdos propios de aquello. Pero lleva esta historia dentro de sí, como algo heredado, que resuena en cada gesto, en cada mirada. Incluso hoy, 25 años después.
Protección tras los muros del convento

Algeciras, sur de España. Llegada al puerto. Un convento se convierte en refugio y en un nuevo comienzo. Ayuda que no pregunta de dónde vienes, sino qué necesitas. Al principio, su madre, su hermano y Edna encuentran refugio en el convento. «Hemos recibido ayuda de la Iglesia y de muchas organizaciones. Estoy muy agradecida, porque desde el primer momento nos acogieron con los brazos abiertos. Gracias a todas estas personas, hoy estoy aquí, soy la persona que soy», afirma.
El balón como hogar
Posteriormente, se traslada a Sevilla y luego a Carmona, su hogar. Allí, según ella misma cuenta, comienza su infancia, y la supervivencia se convierte en su día a día. Edna crece en España, aprende el idioma, vive y siente la mentalidad del país. A los seis años descubre el fútbol. En el colegio, con los chicos. «El profesor de educación física le dijo a mi madre que no se me daba mal y que debería probar en un club. Así empecé. Mi madre hubiera preferido que bailara, pero el fútbol me gustó desde el principio». Se quedó con el balón. Y encontró en él su hogar.
El camino hacia la cima

Edna crece en equipos masculinos. Aprende pronto a imponerse. Con el cuerpo, con la cabeza, con determinación. Ya de niña descubre el fútbol sala: espacios reducidos, decisiones rápidas, técnica bajo presión. «En aquella época aprendí mucho, tanto la técnica como los regates», afirma hoy esta joven de 25 años. Cuando se le pregunta por sus ídolos, no tiene que pensarlo mucho. «Desde pequeña, siempre me han gustado mucho Messi y Ronaldinho», cuenta. «Siempre me decían que me parecía un poco a Ronaldinho porque, como él, llevaba el pelo suelto». Recuerda las innumerables horas que pasó con sus amigos estudiando los vídeos de sus ídolos para mejorar, para aprender. Tanto entonces como ahora, siempre a su lado está su hermano gemelo Paul, que ahora trabaja como entrenador en un gimnasio. Con él juega al principio en las calles, con él descubre el amor por su pasión. «Para mí es una de las personas más importantes de mi vida. No solo en lo que respecta al deporte, sino más bien en todos los ámbitos de la vida».
📸 Edna Imade junto a su hermano gemelo:
El camino de Edna no se limita a los patrones narrativos habituales. Con una determinación casi estoica, persiguió desde su más tierna infancia su sueño de convertirse en futbolista profesional. «Siempre tuve ese objetivo en mente, desde que era pequeña». Es un camino que la lleva a Granada pasando por el CD Santa Ana Femenino, el CD AD Nervión, el FC Málaga y el CP Cacereño Femenino 2023. A Primera División. Allí celebra su debut en la máxima categoría y marca cinco goles en su primera temporada. Lo que al principio parece un tímido florecimiento, se convierte en una explosión en la siguiente temporada: 16 goles, segunda en la lista de goleadoras. Solo la barcelonista Ewa Pajor la supera.
Entre disciplina y pasión

Pero su historia es más que una mera sucesión de triunfos deportivos. También habla de trabajo duro, tanto dentro como fuera del campo. En su camino hacia la cima, en su tiempo libre agarra el silbato, dirige partidos y trabaja como árbitro para ganarse el dinero necesario. Y entonces, en su primer partido con el FC Bayern femenino, en un encuentro amistoso contra el Gotham, el partido lo arbitran precisamente aquellas con los que ella solía arbitrar. Un círculo que se cierra de una manera silenciosa y hermosa. Es esta mezcla especial de disciplina, pasión y pragmatismo lo que hace que la trayectoria de Edna sea tan notable. Y lo que la convierte en una de las personalidades más interesantes del fútbol femenino.

En el verano de 2025 se produce el cambio al FC Bayern. Primero es cedida al Real Sociedad San Sebastián, donde deja huella. En 13 partidos marca 13 goles. Contra el líder de la liga, el Barcelona, Edna marca el gol de la victoria por 1-0. Es la primera vez desde mayo de 2019 que las catalanas se quedan sin marcar en un partido de liga. Imade fue decisiva en esta victoria. ¿La recompensa por todos esos sacrificios? En noviembre debuta con la selección española, precisamente en la final de la Nations League contra Alemania, que la selección española acaba ganando. Después del partido, en el control antidopaje, se encuentra por casualidad con su futura compañera de equipo Alara, como cuenta de pasada. «Hablamos, ella también habla español. Estoy deseando pasar tiempo con ella», cuenta Edna más tarde. Una bonita historia al margen de su mayor éxito hasta la fecha, que destaca el carácter de la joven de 25 años.
Cuatro palabras, toda una vida
La historia de Edna Imade no es la típica historia de fútbol. El fútbol es su herramienta, no su origen. Su historia trata sobre una madre que lo dio todo por la vida de sus hijos. Sobre la gratitud como actitud. Cuando Edna dice hoy: «Hola, yo soy Edna», no solo se presenta a sí misma. Muestra una historia que va más allá de un juego. Una historia que demuestra que todo es posible.
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