
Es un pasillo lleno de historia. A izquierda y derecha cuelgan camisetas, todas con el mismo número, cada una con su propio capítulo en el ADN del FC Bayern. El siete. Mehmet Scholl. Franck Ribéry. Y al final de este pasillo hay otra camiseta. Aún caliente, aún en movimiento. Serge Gnabry.
En el FC Bayern, el número 7 es algo más que un número en la camiseta. Representa ingenio y fuerza, valentía, jugadores que buscan responsabilidad y deciden partidos, a veces con un momento de genialidad, a veces con pura perseverancia. Scholl, Ribéry, Gnabry: tres nombres, tres tipos de jugadores, una idea. El número 7 del FC Bayern nunca se ha definido por un estilo, sino por su impacto.
El siete como promesa
Mehmet Scholl fue el sutil marcapasos de los años 90 y principios de los 2000. Alguien que entendía el juego antes de que sucediera. 469 partidos oficiales, 117 goles, 18 títulos: cifras que no reflejan completamente su importancia. Scholl no era el más ruidoso, pero sí uno de los más inteligentes. Entre su primer partido en la Bundesliga en 1992 y el último en 2007, solo Giovane Élber marcó más goles en la Bundesliga para el FC Bayern que él (87). Scholl llevaba el dorsal número siete con una naturalidad que le encajaba a la perfección: tranquilo, elegante, decisivo. Era sinónimo de visión de juego, timing y la capacidad de abrir un partido con una sola idea.

Franck Ribéry interpretó el mismo número de forma completamente diferente. Mientras Scholl pensaba, Ribéry explotaba. Velocidad, regates, emociones: era capaz de encender un estadio. 425 partidos oficiales, 124 goles, 23 títulos. En la Bundesliga, dio 92 asistencias en 273 partidos, un récord para un jugador extranjero desde que se recopilan datos detallados. A esto hay que añadir 86 goles en la Bundesliga, más que ningún otro francés. Ribéry no era solo un extremo, era una sensación. Alguien que arrastraba a los jugadores, decidía partidos por sí solo, desgastaba a los rivales y hacía mejores a sus compañeros. Con él, el siete se convirtió en un escenario, un desafío permanente para cualquier rival: ruidoso, directo, sin concesiones.
Y luego está Serge Gnabry. Un jugador que reúne elementos de ambos mundos: la inteligencia de juego de Scholl, sin reservas; la determinación de Ribéry, sin agresividad. «Franck siempre ha hecho las delicias de los aficionados, lo que me motiva aún más», dijo Gnabry cuando se hizo cargo del número para la temporada 2020/21. Ha seguido su propio camino.
Gnabry: el moderno número 7
Cuando Serge Gnabry llegó al FC Bayern en 2018, tenía ante sí un gran reto, pero no pretendía imitar a sus predecesores. No era un fichaje estrella, ni una superestrella consumada, sino alguien con una idea clara de sí mismo. Hoy, años después, suma 311 partidos oficiales, 100 goles y 69 asistencias con el FC Bayern. 160 participaciones directas de gol. Un porcentaje de victorias del 72 %. 16 títulos. Cifras que lo sitúan a la altura de Scholl y Ribéry, y que al mismo tiempo marcan su propia época. Son un argumento de peso para explicar por qué su historia en el FC Bayern aún no ha llegado a su fin.

Gnabry no es un extremo clásico de la vieja escuela. No se pega a la línea, busca espacios. Interpreta el siete de forma variable: a veces por fuera, a veces entre líneas, a veces por el centro. Mientras Scholl dirigía los partidos y Ribéry los animaba, Gnabry los decide con eficacia. Sus 0,32 goles por partido superan incluso los valores de Ribéry (0,29) y Scholl (0,25). No es un regateador constante, pero es consistente en la finalización, un ejecutor que aprovecha el momento.
Sus habilidades suelen desarrollarse cuando las cosas se ponen difíciles. Cuando los espacios son reducidos. Cuando un partido necesita claridad. Entonces despierta su instinto para el momento decisivo, respaldado por carreras precisas y un remate seguro. Desde su primer partido en la Bundesliga con el FC Bayern el 1 de septiembre de 2018, Gnabry ha marcado 76 goles en la Bundesliga, más que cualquier otro jugador alemán en ese periodo.
Experiencia que se nota
Las camisetas con el número siete son como testimonios de la historia del club, y Gnabry añade sus propios capítulos. «Franck siempre ha hecho las delicias de los aficionados, lo que me motiva aún más», dijo cuando asumió el número en 2020. Desde entonces, ha acumulado una gran experiencia en luchas por el campeonato de la Bundesliga, noches coperas y veladas de Champions League. Sabe cómo un equipo puede reinventarse en fases de cambio y aprovechar sus puntos fuertes en épocas de dominio. Ha pasado de ser un talento prometedor a convertirse en un líder, sin perder su facilidad y alegría sobre el terreno de juego. En el campo, Gnabry es un impulsor que aporta velocidad, creatividad y acciones sorprendentes a cada partido. Cada movimiento, cada carrera y cada remate demuestran cómo continúa el legado del número 7.

Tres sietes, una herencia
Scholl, Ribéry, Gnabry. Uno es el pensador, otro el destructor de las defensas rivales y el tercero, el todoterreno moderno. Lo que los une es su influencia: su capacidad para dejar huella en los partidos y llevar al equipo a la victoria.
Cuando Serge Gnabry recorre hoy el pasillo de los números siete, se lleva consigo el pasado: su camiseta está lista, no como un final, sino como una invitación a mantener vivo el legado. El dorsal 7 del FC Bayern sigue siendo lo que siempre ha sido: una promesa. Gnabry la ha cumplido con goles, títulos y momentos que han decidido partidos. El viaje aún no ha terminado. Porque la experiencia cuenta. Porque la calidad permanece. Y porque el siete del FC Bayern es más fuerte cuando no solo cuenta la historia, sino que también da forma al futuro.

Camisetas y mucho más: hazte ahora con los productos oficiales de Gnabry del FC Bayern.
Toda la información sobre la renovación del contrato:

Temas de este artículo
