
Hace exactamente 50 años, el FC Bayern se enfrentó por primera vez al Real Madrid en competición europea; hoy, en España, a este duelo se le conoce como el «Clásico europeo». En abril, en cuartos de final de la Champions League, volverá a producirse el enfrentamiento. Uli Hoeneß y Paul Breitner, que entonces vestía la camiseta del Real, recuerdan en la revista de socios «51» dos legendarias batallas de semifinales y cómo, en las décadas siguientes, nosotros, los rojiblancos, nos convertimos en la bestia negra del «ballet blanco».
El año 1976 no parecía, de entrada, destinado a convertirse en historia del fútbol. Una ola de frío en enero y febrero, con temperaturas de hasta -15 grados, congeló Múnich… y también dejó a los jugadores del FC Bayern con las piernas pesadas. Entre victorias trabajadas, el equipo fue dejando puntos por el camino y, por ejemplo, solo empató contra el Eintracht Braunschweig, el Fortuna Düsseldorf y los Kickers Offenbach. En la 22ª jornada, el FC Bayern era séptimo en la tabla, a ocho puntos del líder, el Mönchengladbach. «Solo podíamos concentrarnos de verdad en los partidos de la Copa de Europa», según Uli Hoeneß; «dos partidos cada seis semanas… para eso sí nos alcanzaba la concentración».

A mediados de marzo llegó un bombazo que puso a todos en alerta: en el sorteo europeo, al FC Bayern le tocó por primera vez el Real Madrid, seis veces campeón de Europa. «Lo máximo del fútbol europeo», dice Uli Hoeneß todavía hoy, emocionado. «Un mito, con sus grandes jugadores, su historia, con el presidente Santiago Bernabéu… una personalidad increíble».
Múnich contra Madrid: más que un partido
Bayern contra Real: ya en su estreno no fue un partido normal. El director gerente del Bayern, Walter Fembeck, se rompía la cabeza pensando cómo atender la avalancha de peticiones de entradas, y podría haber llenado el Olympiastadion varias veces. Aficionados de toda la República Federal enviaban cartas; uno incluso mandó un sobre con un cheque de 1.000 marcos y la petición de diez entradas: «el resto es para la cantera». Todo el mundo quería vivir aquella cumbre.
En Madrid, Günter Netzer se quejaba de «un sorteo terrible: otra vez contra alemanes». Los periódicos españoles escribían: «El Bayern es el favorito». Por un lado, era cierto. El último gran éxito internacional del Real había sido diez años antes y la presencia de Pirri y Breitner, estrellas del centro del campo, era dudosa. Por otro, ese perfil bajo también era táctica. Porque «la convicción de cualquier equipo español es: somos mejores», dice Paul Breitner aún hoy. «Ser favorito significa para mí: tengo confianza en mí mismo. El otro tiene que adaptarse a mí». Esa mentalidad encajaba —y encaja— tanto con el Real como con el FCB, y explica el atractivo de este duelo hasta hoy.

Las horas antes de la batalla
El presidente Neudecker, como hacía antes de cada partido europeo fuera de casa, entró en una catedral local y encendió cuatro velas para “motivar a los ayudantes divinos” antes del encuentro. En la mañana del 31 de marzo aterrizaron en Madrid los vuelos chárter con los aficionados del Bayern. El tiempo era casi veraniego. Que empiece el juego.
120.000 personas abarrotaron el Estadio Santiago Bernabéu, que lleva el nombre del presidente, arriba en la tribuna, siguiendo el partido con la cabeza caliente y el corazón a mil. Los pocos miles de aficionados del Bayern no se veían ni se oían en aquella marea blanca. A los cinco minutos, Netzer colgó una falta a Santillana, que cabeceó al palo largo: Maier blocó con seguridad. Dos minutos después, el propio cerebro alemán probó suerte tras un córner. Por poco. Y dos minutos más tarde, Netzer metió un balón largo al espacio, en principio inofensivo, pero un malentendido en la defensa del FCB dejó de repente a Martínez solo ante Maier. 1-0 para el Madrid. En el minuto 42, Martínez volvió a fallar, esta vez mano a mano ante Maier. Y, en la jugada siguiente, llegó el 1-1. Gerd Müller. No hay imágenes de ese gol. La televisión aún estaba repitiendo la ocasión de Martínez cuando el balón ya había entrado en la red. Un gol histórico, perdido para siempre: solo existe ya en la memoria de los 120.000 que lo presenciaron.
En la segunda parte, el FCB fue ganando control. A Sepp Maier le lanzaron rollos de papel higiénico a la cabeza. Él los enrolló con cuidado. Tan frío y sereno como cuando, junto a Beckenbauer, sostuvo la defensa. Resultado final: 1-1. El entrenador del Real: «No fue nuestra noche». Tras el pitido final, un joven aficionado del Real saltó la valla, golpeó primero a Gerd Müller y después dejó KO al árbitro. Hasta hoy lo llaman «El Loco del Bernabéu». El Real fue sancionado y quedó fuera de Europa la temporada siguiente. Tras el partido, Müller salió del vestuario con una bolsa de hielo en la mejilla: «El espectador me pegó a mí primero, luego fue a por el árbitro y entonces Sepp lo atrapó». El Süddeutsche Zeitung destacó sobre todo la calma y el fair play. Aquel equipo, que ya lo había vivido y ganado todo, mantuvo la serenidad en el caos e hizo lo necesario. Cuando el ambiente se calienta, la sangre fría lo es todo.

Gerd Müller golpea por partida doble
El fin de semana previo al partido de vuelta, el FC Bayern perdió en el Olympiastadion por 3-4 contra el 1. FC Kaiserslautern después de ir ganando 3-1. Katsche Schwarzenbeck se lo tomó con calma: «Con un empate como toque de atención también habría bastado». El Bayern se preparó, como siempre, en el Tegernsee. La expedición del Real aterrizó el lunes y se alojó en el Bayerischer Hof.
Gerd Müller no es alguien que se alimente de deseos de venganza, ni siquiera por un puñetazo. Simplemente hace cosas de Gerd Müller. Minuto nueve: el Real va casi siempre a rebufo; el número nueve recibe el balón en la frontal y, de manera muy poco habitual en él, lo clava desde 18 metros en la escuadra. En el 31’, Müller recibe de Kapellmann, se gira y define de forma muy suya para el 2-0. Son sus goles europeos número 50 y 51. Incluso el técnico del Real, Miljanic, se declara fan después del partido: «Lo que a otros les cuesta, Gerd Müller lo hace con facilidad».
Paul Breitner le dijo a su equipo antes del encuentro que estaba al 100%. Porque: «Sabía que me iban a pitar… y quería demostrárselo». Pero todavía notaba la sobrecarga. Hoy lo ve como un error, porque así fue «más uno que acompaña que uno que arrastra». ¿Y el final del partido? Amancio vio la roja por tirar el balón lejos y se fue directo al vestuario, sin esperar a la señal del árbitro. Solo quería marcharse cuanto antes. Huyendo de la Bestia Negra. Paul Breitner lo resume hoy así: «El Bayern tenía jugadores que imponían tanto respeto que los rivales rendían automáticamente un 15 o un 20% menos, sobre todo por el miedo a Gerd Müller».

El resto es historia
En competición europea, Bayern y Real se han enfrentado 30 veces: partidos e historias de las que muchas no se olvidan. En 1981, el Bayern participó en el torneo amistoso «Trofeo Santiago Bernabéu» en Madrid y, en el partido por el tercer puesto, acabó tan enfrentado con el árbitro que este expulsó a todos los jugadores del Bayern. En 1987, el FCB derrotó al Real en semifinales con un 4-1 en Múnich y volvió a meterse en la final, pese a una entrada terrorífica de Juanito a Lothar Matthäus. Y en 2012, Bastian Schweinsteiger convirtió el penalti decisivo en el Bernabéu en un partido dramático y llevó al FCB a la «Finale dahoam». Hasta ese momento, de 20 partidos contra el FC Bayern, los blancos solo habían ganado seis. «El Real estaba acostumbrado a tener un balance muy favorable contra la mayoría de rivales», dice Uli Hoeneß. «Contra el Bayern era diferente. Y así nació el término “Bestia Negra”». Así se llama en España al rival que te da miedo. El Bayern y su afición lucen ese apodo con tanto orgullo como las cinco estrellas en el pecho, aunque los enfrentamientos más recientes contra el Real hayan terminado más de una vez de forma desafortunada.
El Real ocupa el primer puesto en la tabla histórica de la Champions League y el Bayern es segundo. Solo los blancos (18) han jugado más finales que el FCB (11). Estos clubes no han protagonizado tantos duelos legendarios porque sean distintos, sino porque ambos llevan el gen ganador dentro: «¡Hala Madrid!… y nada más» y «Mia san Mia»: dos hermanos en espíritu. Por eso Uli Hoeneß también espera con ganas el próximo reencuentro. «Cuando vas a comer con los españoles antes de un partido, para ellos está 100% claro que van a ganar. Con esa mentalidad afrontan cada encuentro, y por eso se sorprenden cuando alguna vez no sale. Pero sería un error decir que es un club como cualquier otro. El Real es un “primus inter pares”. Y siguen siendo el equipo con más Champions League».

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