

Cuando Michael Olise arranca su carrera de celebración ante la Südkurve en el tiempo añadido y se desliza de rodillas sobre el césped, da la sensación de ser la liberación de un partido que fue ganando tensión durante los 90 minutos. Segundos después queda sepultado bajo una montaña de jugadores vestidos de rojo, el Allianz Arena tiembla y poco más tarde queda confirmado: el francés de 24 años es el Jugador del Partido en una vuelta de cuartos de final que se suma sin esfuerzo a la lista de grandes noches europeas del FC Bayern ante el Real Madrid.
Pero esta noche no pertenece solo al último disparo, sino también al hilo conductor que la atravesó de principio a fin. Antes de forzar el 4-3 en el descuento, Olise ya había puesto al Real en máxima alerta en varias ocasiones. Una y otra vez con el mismo gesto, su movimiento característico: arrancar desde la derecha hacia dentro, acomodarse el balón a la izquierda y buscar el ángulo. Primero se quedó a milímetros del gran gol; al final, golpeó de lleno en el corazón de los blancos.

Una noche para los artistas… y uno brilló por encima del resto
Una noche para los artistas… y uno brilló por encima del resto

Minuto 68. El partido ya se ha convertido en lo que uno espera de unos cuartos de final entre el Bayern y el Real: abierto, salvaje, lleno de giros. Alphonso Davies acelera por la izquierda, gana metros y la pone atrás; el balón le llega a Jamal Musiala, también recién entrado, que remata desde la zona izquierda del área. El disparo se desvía, se eleva en la noche muniquesa y cae en un largo arco hacia la derecha.
Allí aparece Michael Olise, como si hubiera estado esperando exactamente ese momento. Controla el balón con el pecho, suave, limpio, con total naturalidad. Konrad Laimer arranca a su espalda, supera a Ferland Mendy y arrastra con él al defensor del Real, abriendo el pasillo que Olise necesita. Delante solo queda Arda Güler, más escolta que obstáculo. Olise toca ligeramente hacia dentro y se perfila con la izquierda. En el Allianz Arena se percibe esa inhalación colectiva: ahí va su jugada. De derecha hacia dentro, con la zurda preparada para buscar la escuadra izquierda.
El disparo sale limpio, con una trayectoria dibujada con precisión. El guardameta Andrij Lunin se estira al límite, roza el balón con la punta de los dedos y consigue desviarlo lo justo por encima del larguero. Olise se queda quieto, se lleva las manos al rostro y mira al cielo, como si buscara una respuesta. Le falta un suspiro para el empate, pero una cosa ya está clara: aquella noche todavía iba a tener mucho de él.

Olise como faro de una ofensiva del Bayern que disfruta atacando
Olise como faro de una ofensiva del Bayern que disfruta atacando

Escenas como esta explican por qué Michael Olise se ha convertido desde hace tiempo en una de las figuras más llamativas del ataque del Bayern. En la banda derecha, como extremo invertido con una zurda potente, le da al juego una elegancia que se percibe en cuanto toca el balón. Ante el Real fue, en cierto modo, el reflejo de lo que había representado Luis Díaz en la izquierda: siempre en movimiento, con una clara vocación ofensiva y una presencia que hace que cada intervención parezca peligrosa. Sus regates son cerrados, sus pasos cortos y ligeros, y sus cambios de dirección, fluidos. Es esa mezcla de técnica y calma la que deja atrás a los defensores, aunque sepan lo que puede venir.
Al mismo tiempo, Olise no es un simple futbolista vistoso. Combina la finura con la determinación en el último tercio, busca constantemente el remate y se mueve hacia esos espacios donde se deciden los partidos. Que haya participado directamente en un gol en cada uno de sus últimos tres encuentros de Champions League, con un total de tres tantos y dos asistencias, demuestra hasta qué punto su juego se ha vuelto decisivo.
Tras el pitido final, habló con calma sobre una noche tan frenética: «Hemos demostrado mucha capacidad de resistencia y hemos sabido volver una y otra vez al partido. Al final, estamos satisfechos con el resultado». Y después llegó la frase que resume a la perfección su actuación: «Ya lo había intentado cinco o seis veces antes y cada vez me iba quedando más cerca. Fue bonito marcar». Ante los blancos, ese «cada vez más cerca» se hizo tangible. Sus acciones fueron ganando peso minuto a minuto, como si se estuviera acercando poco a poco al disparo perfecto.

Segundo aviso: a milímetros de culminarlo
Segundo aviso: a milímetros de culminarlo

Minuto 77. De nuevo el juego se inclina hacia la derecha, de nuevo el balón acaba en Olise. Lo controla con el pecho, domina la situación y levanta la vista un instante. Los papeles son los mismos que antes, solo que ahora con más intensidad. Arda Güler y Ferland Mendy ya han detectado el peligro que representa, saltan muy cerca, le encierran entre los dos e intentan cerrarle sus caminos habituales.
Olise ignora la estrechez. Arranca en el uno contra uno, amaga brevemente hacia la derecha y se lleva el balón a la izquierda como si lo llevara pegado a la bota. Mendy se queda un instante demasiado lejos, duda al ir al cruce, justo la ventana de tiempo que Olise necesita. Otra vez golpea con la izquierda desde una posición escorada a la derecha, otra vez el balón sale con ese efecto tan reconocible. Lunin vuela y se estira, pero esta vez la pelota se marcha por muy poco por encima del larguero. El estadio se lleva las manos a la cabeza.
Olise se gira, sacude brevemente la cabeza y vuelve a mirar hacia la portería, como queriendo asegurarse de que el balón de verdad no cayó por debajo del travesaño. La escena transmite la sensación de alguien llamando una y otra vez a una puerta que, tarde o temprano, tenía que abrirse.

Sabíamos que iban a intentar meterse en la eliminatoria. Al principio fue un ida y vuelta bastante rápido. Cuando el partido por fin se calmó, jugamos un poco mejor en la segunda parte y aprovechamos nuestras ocasiones.Michael Olise
Bayern, Olise y la temporada de la resiliencia
Que esa puerta acabara abriéndose esa noche encaja perfectamente con toda la temporada del FC Bayern. El equipo ha mostrado una y otra vez una capacidad de resistencia notable, sin dejarse hundir por los golpes, sino respondiendo. Ante el Real, los muniqueses volvieron a ganar en casa un partido de Champions League tras ir perdiendo al descanso por primera vez desde el 16 de marzo de 2016, cuando el rival era la Juventus de Turín.
Al mismo tiempo, esos más de 90 minutos ante el Real rompieron una barrera mental. El Bayern había perdido sus cuatro eliminatorias consecutivas anteriores ante el rey histórico de la máxima competición europea. En los últimos años, el Real había sido a menudo techo, referencia y muro al mismo tiempo. Ahora, los muniqueses lograron imponerse por primera vez en un duelo directo de eliminación desde las semifinales de 2011/12 y cambiaron el relato.
Olise simboliza bien esa evolución. Su juego combina la valentía del uno contra uno con la disciplina de un jugador de equipo integrado en mecanismos muy claros. Aporta al ataque esos momentos de sorpresa necesarios para desordenar a un rival como el Real, sin dejar por ello de ser constante en sus acciones. «Fue un buen partido, emocionante y con muchos giros», dijo. «Sabíamos que iban a intentar volver. Al principio fue un ida y vuelta bastante rápido. Cuando el partido por fin se calmó, jugamos un poco mejor en la segunda parte y aprovechamos nuestras ocasiones». Una de esas ocasiones se la reservó para la última escena, esa en la que otros probablemente habrían elegido el camino más seguro.

90+4: cuando todos pensaban en el banderín de córner
90+4: cuando todos pensaban en el banderín de córner

El marcador muestra el 90+4. Se juegan los últimos segundos, el 3-3 sigue en pie, el Real aprieta y el Bayern defiende con todo lo que tiene. Entonces los muniqueses logran salir una última vez del acoso con control, combinan por dentro y el balón le llega a Harry Kane. El inglés levanta la cabeza y abre a la derecha, justo allí donde espera Michael Olise.
En la mente de muchos aficionados seguramente aparece la misma idea: asegurar el balón, bajar el ritmo, ir al banderín de córner y dejar correr el reloj. Kane incluso lo sugiere con su gesto, pidiendo calma y control. Pero Olise ve otra opción. Controla y acelera con esos pequeños pasos rápidos tan suyos. Delante vuelve a estar Ferland Mendy, cansado, pero preparado. El camino lógico sería irse hacia el córner, pero Olise se mantiene fiel a sí mismo y vuelve a buscar el duelo.
Un toque, y el balón le queda perfecto. Olise se perfila ligeramente hacia dentro y el ángulo se abre. Mendy da medio paso de más hacia atrás, vuelve a dudar al ir al cruce, y para un regateador como Olise eso basta. Golpea con la izquierda, esta vez más raso que antes, más directo. El balón pasa milimétricamente junto al palo izquierdo, inalcanzable para Lunin. Por un instante reina el silencio, y entonces el Allianz Arena explota.
La red se mueve, la Südkurve enloquece, Olise levanta los brazos y se desliza de rodillas hacia la esquina. Sus compañeros se lanzan sobre él y lo sepultan bajo una montaña de cuerpos: saben que ese disparo es mucho más que el gol del 4-3. Es la jugada con la que el Bayern termina de inclinar definitivamente esta eliminatoria a su favor.

El Jugador del Partido… y el símbolo de una temporada
El Jugador del Partido… y el símbolo de una temporada

Cuando poco después Michael Olise es elegido oficialmente Jugador del Partido, la decisión parece casi un trámite. Marcó este encuentro en todas sus fases: con esos remates que se fueron por muy poco, con su presencia constante en la banda derecha, con regates que pusieron una y otra vez en apuros al Real y, finalmente, con el gol que decidió la eliminatoria.
En una sola noche se concentraron todos los elementos que explican su papel en el FC Bayern esta temporada. Le da brillo e imprevisibilidad al ataque, no rehúye el uno contra uno y asume responsabilidades en momentos en los que otros habrían optado por el camino seguro. Su 4-3 ante el Real es la expresión más clara de esa actitud.
Al mismo tiempo, esa genialidad refleja también la evolución de todo el equipo. El Bayern de esta temporada no es un conjunto que se conforme con aguantar junto al banderín de córner cuando aparece una oportunidad. Es un equipo con el valor de buscar una vez más la portería en el descuento, y con un jugador como Olise dispuesto a recorrer ese camino con plena convicción.
Que él mismo resumiera todo con un sencillo «lo había intentado cinco o seis veces antes y cada vez me iba quedando más cerca» encaja perfectamente con su forma de ser. En esa frase hay modestia, pero también la conciencia de que los grandes momentos suelen nacer de varios intentos fallidos. Esa noche, sin embargo, un disparo sí encontró su destino. Esta vez, el balón acabó exactamente donde tantas veces había querido ir: en la escuadra izquierda, en el corazón de la afición del Bayern y en los libros de historia de unos cuartos de final épicos contra el Real Madrid. Y en el centro de todo: Michael Olise, Jugador del Partido.
Las reacciones de la prensa al triunfo ante el Real Madrid:

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