
Cuesta creerlo, pero la última final de Copa con presencia del FCB fue en 2020. ¡Pero eso se acabó! El 23 de mayo nos enfrentamos en Berlín al vigente campeón, el VfB Stuttgart, y haremos que la capital se tiña de rojo.
Fijémonos en esta ciudad
Para los más jóvenes, la final de Copa siempre se ha disputado en Berlín; los más veteranos también recuerdan finales en Fráncfort, Colonia o Hannover. Durante mucho tiempo, la sede se elegía solo cuando ya se conocía a los finalistas: normalmente, un estadio al que los aficionados de ambos equipos tuvieran un desplazamiento más o menos igual de largo. Todo eso cambió en 1985. Por entonces, el fútbol todavía era una pieza en el tablero de la gran política. Antes de la candidatura de Alemania Occidental para la Eurocopa de 1988, se renunció a Berlín Occidental como posible sede por el gran temor a un rechazo por parte del enemigo de clase del bloque oriental. Como compensación, la DFB prometió a los berlineses, indignados con razón, que la Copa se disputaría inicialmente cinco veces seguidas en su ciudad. La tradición copera fue, por tanto, una especie de recargo solidario para Berlín como plaza futbolística. Por cierto, el FC Bayern estuvo presente ya en la primera final disputada en Berlín, y perdió 1-2 contra el Bayer Uerdingen.

Abono permanente para Berlín
No sorprende demasiado que los dos jugadores con más finales disputadas sean también dos auténticos iconos del Bayern. Thomas Müller y Franck Ribéry suman ocho participaciones cada uno en Berlín, y allí levantaron el trofeo seis veces cada uno. Así vivieron y dejaron ambos momentos memorables en Berlín que ninguna estadística puede reflejar. A Ribéry le gustaba incluso llevarse la Copa a la cama después de una victoria. Müller, por su parte, habló de la final de 2016 contra el Dortmund como un partido de fútbol con «el cuchillo entre los dientes». Que, pese a tanta fiereza, nunca se perdiera la diversión lo demuestra la camiseta del triplete de 2013 con el lema «Oans, Zwo, Drei, Gwunna». E incluso nuestro último triunfo hasta la fecha en Berlín fue extraordinario: el partido a puerta cerrada durante la pandemia de coronavirus en 2020 contra el Leverkusen (4-2). Al mismo tiempo, sería la última final de la Copa DFB de Thomas Müller. Quién lo habría pensado.

El estadio azul se tiñe de rojo
Desde 2004, la pista de tartán del Olympiastadion de Berlín no es —como suele ser habitual en el resto del mundo— de color rojo óxido, sino azul. Porque aquí no solo se disputa la final de la Copa DFB, sino que también juega sus partidos como local el Hertha BSC. Este peculiar diseño cromático provocó una pequeña controversia en la final de 2005. La mitad de la pista debía ser roja, exigieron los dirigentes del FCB. Les preocupaba que el rival en la final, el Schalke 04, pudiera disfrutar de una especie de ventaja de local por la similitud de colores. La propuesta fue rechazada, pero aquellas dudas acabaron siendo infundadas: el FC Bayern ganó 2-1.
Reyes de los penaltis
Hasta 1984, la final de Copa había sido una cuestión más o menos clara. Ese año, el FCB tuvo que disputar por primera vez en la historia de la competición una tanda de penaltis contra el Gladbach. Inolvidable sigue siendo el fallo de Lothar Matthäus para los borussers, cuyo fichaje por el Bayern ya estaba cerrado en aquel momento. El Bayern ganó 7-6. La última vez que vivimos un drama desde los once metros en una final fue en 2016. Tras un empate sin goles en los 90 minutos y la prórroga, el duelo contra el BVB se decidió desde el punto de penalti. Dos jugadores del Dortmund no pudieron con los nervios y fallaron; el Bayern ganó 4-3. Fue, al mismo tiempo, el último partido que disputamos con Pep Guardiola como entrenador.
Berlín, en manos del Bayern

Berlín, en manos del Bayern

Baviera, orgulloso Estado Libre, cuenta con una representación permanente en la capital, situada con mucho estilo en pleno Mitte, con bodega de cerveza y taberna de vinos de Franconia incluidas. Además, en Berlín existen el Bayerischer Platz, la Bayernallee, hasta tres calles llamadas Münchener Straße y nada menos que 20 clubs de fans oficiales del FCB. La representación no oficial del FCB —la rústica taberna de aficionados «Bretterbude»— se encuentra, en cambio, en Friedrichshain. Tiene sentido, al fin y al cabo en ese barrio también viven muchos Zuagroaste, gente venida de fuera. Pero con 20 finales disputadas desde 1985 —de las cuales se ganó el 75 %—, Berlín también suele estar bastante a menudo en manos del Bayern durante los días de final y, para los aficionados, siempre merece un viaje en tren especial. Entonces ondean banderas blancas y rojas ante la Puerta de Brandeburgo, la Berliner Weiße se prepara con sirope de frambuesa y la currywurst antes del partido se sirve, lógicamente, en rojo y blanco.
Los títulos nunca vienen solos
El FC Bayern es conocido por no hacer las cosas a medias. Y así actuamos también con nuestros títulos. Solo cinco de nuestros 20 triunfos coperos llegaron en una temporada en la que no ganamos ningún otro título. En total ya ha habido 13 dobletes: el primero, en 1969, cuando conquistamos por primera vez la Bundesliga y volvimos a ganar la Copa. No hace falta que recordemos expresamente los dos tripletes. La historia demuestra que en Múnich los títulos rara vez llegan solos: pensamos en series. Y, dado que esta temporada el campeonato ya está en el bolsillo, vamos a interpretarlo como un buen presagio para Berlín. Celebrar varias veces siempre sabe mejor.

¡Gracias, Horst!
Exactamente 8,4 kilómetros separan el Palacio de Bellevue del Olympiastadion de Berlín. Con una situación del tráfico medianamente favorable, el trayecto apenas lleva 20 minutos. Así que, naturalmente, es una buena ocasión para que el presidente federal se desplace hasta allí para entregar la Copa DFB al equipo vencedor. Desde 1985, la presencia del jefe del Estado forma parte fija de la tradición copera. La mayoría de trofeos los recibimos de manos de Horst Köhler (4), seguido de cerca por Joachim Gauck (3). En la etapa de Köhler, ciertamente bastante breve, llegamos incluso a ganar cuatro de cuatro finales: el presidente como talismán. Por cierto, el mandato del presidente federal Frank-Walter Steinmeier termina en marzo de 2027, así que la final de este año es su última oportunidad para mejorar un poco su hasta ahora más bien pobre estadística de entregas (2). ¡Nos encantaría!
Queremos veros luchar

Queremos veros luchar

La Copa DFB, ¿solo un «premio de consolación brillante», como dijo una vez un periódico? Todo lo contrario. En las finales, nuestros jugadores suelen ir al límite del dolor… y más allá. Inolvidable queda, por ejemplo, Dieter Hoeneß, que en la final de 1982 contra el Nürnberg jugó toda una parte con un turbante ensangrentado y marcó precisamente de cabeza el gol de la victoria para el 4-2 (por entonces, eso sí, todavía en Fráncfort). O Franck Ribéry, que en el dramático duelo contra el Dortmund en 2016, tras meterle el dedo en el ojo a un rival, esquivó felizmente la tarjeta roja, fue sustituido en la prórroga y apenas podía arrastrarse por encima de la valla. O el enorme eslalon de Thomas Müller en 2014, en el tiempo añadido de la prórroga, para hacer el 2-0 contra el Dortmund, cuando empujó el balón más allá de la línea con sus últimas fuerzas. En Berlín, el gen ganador suele despertar una y otra vez.
El texto apareció en la revista para socios 51

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