
Ismael Saibari fue la revelación del Mundial y ahora viste nuestra camiseta. Su camino comenzó con un diagnóstico que podría haber acabado con todo antes incluso de empezar.
Es la noche del 29 al 30 de junio, en los dieciseisavos de final del Mundial 2026. Marruecos y Países Bajos se juegan el pase en la tanda de penaltis. Precisamente Países Bajos, el país en el que Ismael Saibari se convirtió durante seis años en un futbolista completo. Nuestro nuevo fichaje coloca el balón, toma carrerilla y transforma el lanzamiento decisivo. Marruecos avanza a la siguiente ronda y, a estas alturas, todo el mundo del fútbol conoce ya el nombre de Saibari.

A esas alturas ya ha marcado tres goles, contra Brasil, Escocia y Haití, confirmando por qué el FC Bayern llevaba mucho tiempo intentando ficharlo antes incluso del torneo. Su Mundial también tiene un final amargo: en los octavos de final contra Canadá, Saibari sufre una lesión muscular y se pierde el duelo de cuartos ante Francia. Marruecos queda eliminado sin él. Sin embargo, quien conoce su trayectoria sabe que este jugador está acostumbrado a superar los contratiempos.
La primera batalla
La primera predicción que Ismael Saibari desafía no tiene que ver con su capacidad goleadora, sino con la posibilidad de que algún día pudiera caminar con normalidad. Sus padres, Hassan y Fatima, abandonan Marruecos a finales de la década de 1980 para trasladarse a España. Después de una etapa en Almería, se establecen en Terrassa, una ciudad cercana a Barcelona. Allí nace Ismael el 28 de enero de 2001 con una malformación congénita: ambos pies están muy girados hacia dentro. Los médicos no están seguros de que algún día pueda caminar con normalidad.

Pero sus padres se niegan a aceptar ese pronóstico y hacen posible que su hijo reciba un tratamiento largo y exigente. Durante casi un año, la malformación se corrige poco a poco mediante férulas, dispositivos ortopédicos y rehabilitación. La perseverancia obtiene su recompensa: a los dos años, Ismael da sus primeros pasos sin ayuda y gana así su primera gran batalla. Poco después, el pequeño «Isma» descubre el fútbol.
La familia vive en la Carrer d’Europa, en un barrio obrero a las afueras de Terrassa, creado para acoger a personas llegadas de otras regiones de España y del extranjero. Ismael comienza a jugar en un club en el Club Deportivo Can Parellada y destaca desde el primer momento, sobre todo por la potencia de su disparo. No es casualidad: su padre Hassan le hace realizar cada día 50 o 60 disparos, únicamente con la izquierda. «Al principio lo odiaba», reconocería Saibari más adelante. «Al final dio sus frutos». Está sobre el terreno de juego de lunes a domingo. Lo reprenden cuando se queda después del entrenamiento y molesta a los otros equipos. Y, cuando falta algún jugador, simplemente se cambia y ocupa su lugar. Su hermano mayor, Akram, lo recuerda así: «Siempre estuvo enamorado del balón. Isma quería jugar a todas horas».
Siempre ha estado enamorado del balón. Isma quería jugar a todas horas.
Akram Saibari, hermano mayor
Un nuevo hogar
En 2007, la vida de la familia cambia de un día para otro. Hassan pierde su trabajo como albañil y la tienda de alimentación que había abierto junto a Fatima no sobrevive a la crisis económica. «Tuvimos que volver a empezar de cero», cuenta Akram.
Ismael tiene seis años cuando los Saibari vuelven a hacer las maletas y se trasladan a Bélgica, a las afueras de Amberes. Los hermanos juegan primero en el KVC Willebroek y después en el Beerschot AC, que se declara en quiebra en junio de 2013. Ismael se incorpora entonces a la cantera del RSC Anderlecht, pero dos años después le piden que abandone el club. La explicación resulta muy dura para un adolescente: pesa demasiado, no está suficientemente en forma y no puede responder a las exigencias del deporte de élite. A esa edad, muchos sueños se rompen en silencio. El suyo adopta una forma diferente: cambia su alimentación, intensifica los entrenamientos, transforma su cuerpo y convierte aquella supuesta debilidad en su mayor virtud.
Hoy, el centrocampista de 1,85 metros destaca por su fortaleza en los duelos, su capacidad para proteger el balón y su facilidad para romper líneas defensivas. Saibari encuentra un nuevo hogar en la cantera del KRC Genk. Allí conquista en 2019 el campeonato belga sub-21, precisamente por delante de su antiguo club. «Isma jugó con el Genk contra el Anderlecht. Su equipo ganó 4-3, él marcó un gol y el Genk se proclamó campeón. Para él fue una especie de revancha», recuerda Kevin Van Dessel, su entrenador de entonces.

En 2020 llega el traspaso al PSV Eindhoven, inicialmente para jugar en el equipo sub-21. Esta vez, la fortuna está de su lado: varios casos de Covid reducen la plantilla profesional, Saibari es convocado con el primer equipo y el 1 de noviembre de 2020 debuta en la Eredivisie con 19 años. Después llegan los títulos de Copa de 2022 y 2023, además de tres campeonatos consecutivos entre 2024 y 2026. Con el PSV marca 42 goles en 142 partidos oficiales. Lejos de los grandes focos, perfecciona su juego y amplía sus recursos: marca, inicia ataques, presiona y, gracias a su presencia física, es capaz de cambiar el ritmo de un partido.
«En Eindhoven, Ismael fue progresando con mucho cuidado», afirma Medhi Benatia, que vistió la camiseta del FC Bayern entre 2014 y 2016 y sigue la evolución de Saibari desde hace años. «La primera vez que me llamó la atención fue con la selección sub-21 de Marruecos. Desde el principio mostró una clara vocación ofensiva. Tampoco tenía problemas para actuar en distintas posiciones. Incluso podía cambiar varias veces de función durante un mismo partido sin que bajara su rendimiento. Visto con perspectiva, Eindhoven fue la etapa intermedia adecuada para que pudiera dar el salto. Lo hizo de forma extraordinaria». Issame Charaï, su entrenador en la selección marroquí sub-23, también se muestra entusiasmado: «Su perfil me impresionó de inmediato. Su juego alcanzó la madurez muy pronto y siempre se interesó por la táctica. Estaba y sigue estando completamente obsesionado con el fútbol».
La camiseta de sus padres

Las puertas de la selección marroquí están completamente abiertas para él, aunque Saibari podría haber desarrollado su carrera internacional con otras dos camisetas: nació en España, creció en Bélgica y la federación belga intentó convencerlo activamente. Sin embargo, para él, elegir Marruecos resulta completamente natural: es el país de sus padres, de sus raíces y de una historia familiar que siempre lo ha acompañado.
Tiene una enorme capacidad de aceleración. Y como combina su calidad técnica con una gran fortaleza física, resulta muy difícil detenerlo.
Medhi Benatia, jugador del FC Bayern entre 2014 y 2016
¿Cómo se puede definir a este jugador que, desde ahora, se entrena en la Säbener Straße? «Su perfil es difícil de describir. No es un extremo que desborda pegado a la banda, pero sabe superar rivales. Es una especie de “nueve y medio” que se desmarca, ataca los espacios y, al mismo tiempo, ayuda en defensa», explica Van Dessel. Benatia añade: «No es el más rápido —aunque la pasada temporada alcanzó una velocidad máxima de 33 kilómetros por hora en la Champions League—, pero tiene una enorme capacidad de aceleración. Y como combina su calidad técnica con una gran fortaleza física, resulta muy difícil detenerlo».
Saibari ha firmado con el FC Bayern hasta 2031. Durante su presentación, explica que Vincent Kompany fue uno de los motivos principales de su traslado a Múnich. Su adaptación debería resultar sencilla: Saibari ya habla cinco idiomas. «Y ahora el alemán será el sexto», afirma. Para alguien cuyo camino nunca siguió una línea recta, aprender un nuevo idioma probablemente sea el menor de los desafíos.
El texto apareció originalmente en la edición de agosto de la revista «51» del FC Bayern y se reproduce aquí en una versión resumida.
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