
La noche de Sevilla en el Residenztheater
jue, 08/10/2026, 13:00
El partido del siglo con Karl-Heinz Rummenigge
Son los detalles y los momentos de esta velada, en los que las imágenes y las anécdotas y recuerdos asociados a ellas cobran vida, los que la hacen tan especial: durante la lectura, en la pantalla situada sobre el escenario se van alternando diferentes imágenes, y en una de ellas se ve a Karl-Heinz Rummenigge de pie, muy erguido, rodeado de sus compañeros de la selección alemana, mientras los demás están sentados en el suelo. En la imagen, el icono ofensivo alemán se lleva la mano al muslo derecho, que le dolía tanto que su participación en aquella importante semifinal del Mundial de 1982 contra Francia, como entonces capitán de la selección alemana, solo fue posible a última hora. A partir del minuto 30, Rummenigge había empezado a frotarse con hielo la maltrecha musculatura en el banquillo, para anestesiarla. Unos minutos después de aquella imagen, tomada antes de la prórroga, entró al campo. Al presidente francés François Mitterrand se le escapó entonces un «Mon dieu, Rummenigge», un hecho históricamente documentado, y todo aquello volvió a cobrar vida el miércoles por la noche en el Residenztheater de Múnich. «Nunca olvidaré este thriller», dijo Rummenigge sobre el escenario. La semifinal de Sevilla de 1982 sigue siendo considerada hasta hoy uno de los partidos del siglo en el fútbol mundial.

Bajo el título «La noche de Sevilla: un drama futbolístico en cinco actos», el actor Peter Lohmeyer recreó el partido en una lectura dramatizada, metiéndose, al ritmo de rápidas combinaciones, en los papeles de los distintos protagonistas, desde Rummenigge hasta Paul Breitner, pasando por el director de juego francés Michel Platini. Los alemanes, dirigidos por el seleccionador Jupp Derwall, se adelantaron 1-0; tras 90 minutos, el marcador era de 1-1; en la prórroga llegaron a ir 1-3 por detrás, pero el recién incorporado Rummenigge y Klaus Fischer, con una chilena, llevaron la decisión a la tanda de penaltis. Harald «Toni» Schumacher, que en el tramo final de su carrera también llegaría a defender la portería del FC Bayern, detuvo en ella dos lanzamientos franceses. Rummenigge fue uno de los lanzadores alemanes que marcaron. «Sonreí antes de disparar, aunque no tenía ninguna gana de hacerlo, y tras el pitido final hubo carnaval en el vestuario», recuerda en la charla posterior a la lectura quien años más tarde sería durante mucho tiempo presidente de la junta directiva y hoy es miembro del consejo de supervisión del FC Bayern, acompañado sobre el escenario por sus antiguos compañeros Schumacher y Pierre Littbarski.
El partido sigue estando marcado hasta hoy por el durísimo choque de Schumacher con Patrick Battiston. De forma honesta y auténtica, el exportero repasó aquella historia («quizá entonces fui cobarde por primera vez en mi vida», admitió, porque no se disculpó de inmediato), antes de que la mirada se dirigiera a otros aspectos de aquel encuentro de 2 horas y 41 minutos de duración. «Pierre fue entonces el mejor hombre sobre el campo», dijo Rummenigge sobre el autor del 1-0, asistente en dos goles y también lanzador acertado en la tanda de penaltis. «Sabía que con tipos como Kalle y Toni no iba a perder», explicó Littbarski de forma convincente: «Aunque Kalle estaba tocado, sabía que marcaría un gol». Fueron «quizá los mejores 23 minutos de mi carrera», dijo Rummenigge sobre su entrada al campo en la prórroga. Al final, el legendario trío recibió una larga ovación. Un partido del siglo merece un gran escenario incluso 44 años después del pitido final.
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