Jóvenes jugando al fútbol en un campo de Abersee, Austria
© Sebastian Arlt

Bösingen, Altona, Abersee

Jugar en casa: visitamos los clubes donde comenzaron los jugadores del Bayern

Los jugadores y jugadoras del FC Bayern son conocidos en todo el mundo. Pero ellos también comenzaron sus carreras en clubes de fútbol modestos. La revista «51» del FC Bayern ha visitado tres de los clubes donde se formaron nuestros futbolistas y ha descubierto la magia del fútbol.

Primera parada: VfB Bösingen

© Ilkay Karakurt

Primera parada: VfB Bösingen

© Ilkay Karakurt

Cómo Joshua Kimmich se convirtió en un suabo imbatible en un pequeño pueblo

En una oscura tarde de octubre, las instalaciones del VfB Bösingen cobran vida. Los focos se encienden con un parpadeo y los coches van llegando uno tras otro al nuevo edificio del club. En el vestuario comienza a sonar la música y los tacos de las botas repiquetean sobre las frías baldosas. El segundo equipo se entrena en un campo de césped que todavía muestra las huellas del seco verano. Quien espere una sesión relajada de pases y poco más está muy equivocado. Los jugadores esprintan, se lanzan al suelo y pelean cada balón. Se animan entre ellos, maldicen y gritan su alegría y frustración al cielo nocturno. Después del partidillo, varios futbolistas arrojan sus petos al suelo con rabia. Y mientras uno contempla la escena, resulta inevitable pensar en el jugador más famoso de este club, uno de los internacionales alemanes más competitivos, cuyos amigos y primos todavía juegan aquí: Joshua Kimmich.

Florian Supper, de 31 años, que ya jugaba con Kimmich en categoría alevín y sigue siendo amigo suyo, lo explica así: «Nuestras parejas enseguida comprendieron que, si querían estar con nosotros, nuestro futuro solo podía estar en Bösingen». Y Bösingen significa, en caso de duda, estar en el campo de fútbol. Supper ha traído consigo un ejemplar de la revista «Kicker» en el que apareció un artículo sobre el equipo alevín del VfB Bösingen. Aquel conjunto terminó una temporada con una diferencia de goles de 179 a favor y ninguno en contra. En uno de los partidos ganó por 34-0, con 14 tantos de un pequeño centrocampista llamado Kimmich. Supper se ríe al recordar aquellos tiempos. Joshua nunca destacó por hacer regates espectaculares, pero su comprensión del juego y la escasísima cantidad de errores que cometía eran increíbles. Kimmich siempre tuvo una voluntad de ganar insaciable. Cuando nevaba, jugaban al biatlón: lanzaban bolas de nieve contra unas dianas y corrían alrededor de la casa. Incluso había vueltas de penalización. Y, por supuesto, casi siempre ganaba él. Porque era quien más deseaba ganar.

Segunda parada: Altona 93

© Julia Sang Nguyen

Segunda parada: Altona 93

© Julia Sang Nguyen

Tras las huellas de Jonathan Tah en el oeste de Hamburgo

El Altona 93 es un club multicultural de una gran ciudad como Hamburgo que atrae a aficionados que recorren estadios de todo el mundo. Una media de 1.500 espectadores acude a los partidos como local de su primer equipo masculino en la Oberliga. Sin embargo, poco de ese ambiente se percibe en las nuevas oficinas del club, donde nos reciben Jens Redenius, responsable del fútbol base, y Robin Graupner, coordinador de las categorías inferiores. Varias sillas de oficina rodean una mesa de reuniones y las paredes están desnudas y pintadas de blanco. «Hace falta tiempo para que unas instalaciones nuevas se conviertan en un verdadero hogar», comenta entre sonrisas Robin Graupner, de 40 años, que se encarga, entre otras cosas, de la formación de entrenadores en el Altona 93.

Lo bueno de esa austeridad es que, en el pasillo, la mirada se dirige inmediatamente hacia dos retratos enmarcados de Eric-Maxim Choupo-Moting y Jonathan Tah. Ambos comenzaron a jugar al fútbol en el Altona 93, en el oeste de Hamburgo. Cuando Tah se formó aquí, desde las categorías de los más pequeños hasta el infantil, el Altona 93 todavía utilizaba varios campos de tierra repartidos por el distrito. Hoy, en aquellos terrenos se levantan grandes bloques de viviendas. En 2019, el club se trasladó a unas amplias instalaciones de césped artificial situadas junto a la autopista A7, donde también se encuentran sus oficinas.

«En Altona ya casi no es posible bajar a jugar al fútbol a un campo del barrio», explica Jens Redenius, consultor empresarial que comenzó a colaborar como voluntario con el club gracias a su hijo, jugador del Altona 93. En una gran ciudad en plena expansión, cada metro cuadrado es objeto de disputa. El Altona 93 tiene que compartir sus instalaciones con otros tres clubes. «Éramos un equipo multicultural en el que no había grupitos. Todo el mundo podía participar y divertirse». Así describió Jonathan Tah en una ocasión su etapa en el Altona, unas palabras que resumen perfectamente la misión de un club de una gran ciudad. En el Altona 93 se reúnen niños de orígenes muy diferentes. Algunos proceden de los bloques de viviendas que se levantan al oeste de los campos, mientras que otros viven en la zona de grandes residencias que comienza al otro lado de la A7. Además, el club se dirige expresamente a los niños de los grandes centros de acogida de refugiados situados en Altona. Redenius explica: «Para nosotros es muy importante reunir a personas de diferentes orígenes y nacionalidades y transmitir, a través del fútbol, valores como el respeto y la unión».

Tercera parada: USC Abersee

© Sebastian Arlt

Tercera parada: USC Abersee

© Sebastian Arlt

Desde hace siglos, el lago Wolfgang es un destino de ensueño para monarcas, cancilleres federales y turistas de a pie. El año pasado, la región registró más de un millón de pernoctaciones. Un rincón maravilloso del planeta. Pero esta región también es una cantera de futbolistas con talento. El USC Abersee, situado en la orilla suroeste del lago, ha visto crecer a dos profesionales del FC Bayern: Konrad Laimer y Sarah Zadrazil, recientemente reconocidos en Austria como mejor futbolista masculino y mejor futbolista femenina del año, respectivamente.

Sin embargo, nadie está por encima del club. «No somos el FC Konny Laimer, sino el USC Abersee», subraya Markus Laimer, responsable de la sección de fútbol, que no tiene ningún parentesco con el jugador, ni siquiera político. El club existe desde 1959 y entre sus fundadores también había un Laimer: el abuelo de Konny. El primer equipo, conocido en Austria como Kampfmannschaft, compite en la Segunda Liga Regional Norte, la sexta categoría del fútbol austriaco. Para disputar partidos fuera de casa en localidades como Strobl, Fuschl o Kuchl, los desplazamientos duran como máximo una hora.

«Un club no está formado únicamente por buenos futbolistas», afirma el responsable de la sección. También hacen falta personas excelentes que se ocupen del mantenimiento del césped, la administración, la logística, la restauración y el transporte. Y, por supuesto, también es fundamental contar con una grada que anime al equipo. ¿Por qué se implica tanta gente? «Porque recibes una recompensa emocional», responde Markus Laimer. Se refiere a la sensación de formar parte de algo grande, de remar todos en la misma dirección y perseguir un objetivo común. Por mucha ambición que exista, el resultado deportivo acaba siendo secundario. Quien quiera mantener vivo un club no piensa únicamente en el próximo derbi. Piensa en la próxima generación.

Este texto recoge algunos extractos del reportaje. La versión completa puede leerse en el número de noviembre de la revista «51» del FC Bayern.

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