

Antiguo entrenador asistente
sáb, 23/05/26, 09:43
Entrevista a Michael Henke con motivo del aniversario del triunfo en la Champions League 2001
Las notas de Ottmar Hitzfeld que se conservan en el FC Bayern Museum muestran la meticulosidad con la que el entonces entrenador preparó al Bayern para la final de la Champions League 2001. Su asistente durante muchos años, Michael Henke, cuenta en una entrevista con la revista para socios «51» cómo Hitzfeld formó un equipo a partir de grandes jugadores y cómo acabaron ganando la «Orejona».
Entrevista a Michael Henke
Señor Henke, en el archivo del museo del FC Bayern se conservan unas notas de Ottmar Hitzfeld sobre la final de la Champions League 2001. ¿Qué siente al ver esas notas ahora, 25 años después?
«Recuerdo que Ottmar siempre llevaba consigo un pequeño bloc de notas. Después de cada partido, lo sacaba en el autobús o en el avión y tomaba apuntes para preparar la reunión del día siguiente. Incluso cuando, como en Hamburgo en 2001, acabábamos de proclamarnos campeones de Alemania en el último segundo. Así era Ottmar. Totalmente pragmático y disciplinado. Yo, en cambio, después de partidos emocionantes o desafortunados, necesitaba una noche para recuperar la concentración necesaria».
En esa hoja grande se ven muchísimos puntos clave.
«Estas son las notas de Ottmar para la reunión del equipo antes de la final en Milán. Arriba se ve nuestra alineación inicial, el banquillo y el once previsto del rival. En ellas, Ottmar incluso ha anotado qué jugadores del Valencia tienen buena pierna izquierda. Debajo se trata de las jugadas a balón parado del rival. ¿Quién está en la barrera? ¿Quién marca a quién en los saques de esquina? Effe era una especie de líbero, un hombre libre. Durante el partido, Ottmar fue completando el desarrollo del mismo: los cambios, los goles, los lanzadores en la tanda de penaltis. Y en la esquina superior derecha está el árbitro: Dick Jol, de Holanda».

En la parte inferior, Ottmar Hitzfeld anotó lo que quería decir a la defensa, al ataque y sobre la «moral».
«Lo característico es que se daba casi la misma importancia a la defensa y al ataque. El ataque es importante, por supuesto. Se necesitan goles para ganar. Pero en aquella época siempre decíamos: solo ganamos títulos gracias a la defensa. Kuffour, Andersson y Linke eran nuestra base. Tres marcadores que nos daban mucha estabilidad. También en la final los tres empezaron atrás, pero en el descanso cambiamos a una línea de cuatro: Jancker entró por Sagnol y Lizarazu se retrasó».
En dos hojas más pequeñas se pueden ver otras anotaciones. En ellas, Hitzfeld anotó, por ejemplo, la estatura de cada jugador rival.
«Por supuesto, se trata de una información importante para las jugadas a balón parado. En esa pequeña nota se puede ver de nuevo la distribución exacta en los saques de esquina. Thomas Linke, por ejemplo, el número 25, se encargaba de marcar a Carew, del Valencia, el número 7, que mide 1,96 metros. También se ve la cobertura de los postes: a la izquierda, Scholl, el número 7; a la derecha, Lizarazu, el número 3. Abajo figuran los cuatro lanzadores de tiros libres del Valencia con sus particularidades. Y la composición de nuestra barrera. La flecha junto a Owen Hargreaves, el número 23, significa que debía lanzarse inmediatamente en caso de centro del balón».
¿La preparación para la final fue más minuciosa de lo habitual?
«Hablamos de detalles más de lo habitual. Pero Ottmar era, en esencia, alguien que siempre se preocupaba mucho por la táctica. Analizaba todo con una meticulosidad increíble y simulaba diferentes situaciones. ¿Qué puede pasar? ¿Cómo reacciono ante ello? ¿Línea de tres o de cuatro? Sus decisiones solían ser acertadas muy a menudo».
¿Cómo estaba Ottmar Hitzfeld antes de esta final?
«Estaba como siempre: sereno. Por supuesto, también estaba tenso, pero nuestra premisa era: no dejar que se nos notara el nerviosismo ante el exterior, para no contagiarlo innecesariamente al equipo. Ottmar siempre se mantenía increíblemente sereno».

¿Era ese el eje central de su labor como entrenador: el control?
«Cuando llegamos a Múnich en 1998, se consideraba que el Bayern era un equipo imposible de entrenar. El FC Hollywood. Por supuesto, habíamos pensado en cómo abordar la situación. Nuestra máxima era, en primer lugar, no reaccionar ante los comentarios externos. Franz Beckenbauer podía decir lo que quisiera, los medios de comunicación podían escribir lo que quisieran. Y, en segundo lugar, teníamos que controlar al equipo».
¿Y cómo se consiguió?
«Una de las medidas fueron las multas elevadas, que Ottmar tomó de Italia. Tenían la ventaja de que podíamos disciplinar a los jugadores sin tener que suspenderlos, lo que habría debilitado a nuestro equipo. La segunda medida, y al menos igual de importante, fue la rotación, que inventó Ottmar. Dejamos jugar a todos para que cada uno se sintiera parte del equipo. Al mismo tiempo, así pudimos dosificar el esfuerzo y al final de la temporada aún nos quedaban fuerzas».
Ha trabajado con Ottmar Hitzfeld durante más de doce años. ¿Qué es lo que más le ha impresionado de él?
«Su cualidad más destacada era el trato que daba a los jugadores. Como entrenador, a veces hay que tomar decisiones difíciles, pero ninguno de sus antiguos jugadores dice hoy nada malo de Ottmar. Combinar eso con una autoridad absoluta, ese es el arte. Ningún jugador se le subía a la cabeza a Ottmar, todos le tenían respeto, y aun así no había rencor. Estoy firmemente convencido de que la cualidad más importante de un entrenador a este nivel es el liderazgo del equipo. Todos los grandes entrenadores tienen esta cualidad».
Justo al final, Hitzfeld escribió: «¡Hoy haréis historia!». ¿Hasta qué punto estaba convencido de la victoria, teniendo en cuenta también lo ocurrido en 1999?
«Solo puedo hablar por mí mismo: aquella noche estaba tan convencido de que íbamos a ganar como nunca antes lo había estado. Ni antes ni después. Y eso que, en realidad, soy de naturaleza pesimista. Pero en Milán nunca dudé, aunque todo nos salía mal: nos pitaron un penalti dudoso, fallamos uno nuestro y, en la tanda de penaltis, volvimos a fallar el primer lanzamiento. De alguna manera, el equipo —sobre todo Stefan Effenberg— irradiaba esa convicción: ‘Este es nuestro partido’».

Cuatro días antes, el equipo ganó el campeonato de la Bundesliga en Hamburgo con el último disparo a puerta. ¿En qué medida influyó esta experiencia en lo ocurrido en Milán?
«¡Hamburgo fue una pasada! El hecho de haberle dado la vuelta allí al aprtido nos dio una energía increíble. Estábamos totalmente convencidos: ‘¡nada nos puede derribar! Así es como llegamos a esta final’».
¿Cómo estaba Ottmar Hitzfeld tras el pitido final en Milán? ¿Se desahogó en ese momento?
«Casi nunca lo he visto celebrar con tanta euforia. Ottmar es, en realidad, una persona increíblemente emotiva. A veces se notaba lo que sentía por dentro, pero nunca dejaba que esas emociones se vieran. Tras el último penalti de Pellegrino, que paró Oliver Kahn, todo el banquillo se lanzó al campo. Fue una sensación de felicidad extrema. Después de 1999 y Hamburgo, en Milán hubo una gran descarga de emociones. Pero Ottmar recuperó el control relativamente rápido. En la cena de gala se retiró para disfrutar de la victoria con su familia».
¿Cómo es su relación con Ottmar Hitzfeld a día de hoy?
«Hablamos por teléfono con frecuencia. Y en cuanto vuelva a Múnich, tenemos una cita fijada».
Owen Hargreaves recuerda el triunfo del FC Bayern en la Champions League 2001:

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