Vista sobre los tejados de la localidad de Elversberg, en el Sarre.
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Revista del FC Bayern «51»

Perfil del Elversberg, recién ascendido a la Bundesliga: bienvenidos a la máxima categoría

A mediados de septiembre, el gran FC Bayern visitará por primera vez Elversberg, una localidad de apenas 13.000 habitantes y el club más pequeño de la historia de la Bundesliga. Pero ambos clubes tienen más en común de lo que podría parecer. Un paseo por el pueblo con encuentros de lo más curiosos.

Cuando el grupo se reúne para hacer una barbacoa en el cenador del jardín de Ulrich Hönes, todos visten de rojo y blanco. Está claro. Walburga Müller no llama la atención de primeras con su camiseta roja, pero quien se fija un poco más descubre que faltan los rombos blanquiazules y las estrellas doradas sobre el corazón. A sus 67 años, lleva muchos años siendo miembro del club de fans local del FC Bayern, ha estado en numerosas ocasiones en el Olympiastadion de Múnich, considera a «Gerd Müller, con diferencia, el mejor delantero de todos los tiempos» y esta noche luce la camiseta roja de visitante del SV Elversberg de la pasada temporada. «¿Qué puedo decir? Este club no me deja indiferente», asegura. «Es simplemente una situación de lo más curiosa».

Un cortacésped recorre la vacía URSAPHARM-Arena an der Kaiserlinde en Elversberg.
El URSAPHARM-Arena an der Kaiserlinde tiene un aire idílico. Sin embargo, desde esta temporada, en este estadio se juega fútbol de primera división. | © Tami Pirot

A lo que se refiere Walburga es a esto: el 13 de septiembre, el FC Bayern llegará a Elversberg. El campeón récord alemán contra el recién ascendido. El club de 430.000 socios frente a una localidad de 13.000 habitantes. Y, sin embargo, ambos clubes tienen más en común de lo que podría parecer a primera vista. El SVE y el FCB colaboran, aunque de manera informal, en el fútbol de cantera. Talentos del Bayern como Paul Wanner se han asentado en Elversberg en el fútbol profesional. El socio del FC Bayern, Ursapharm, es el principal patrocinador del SVE. Y el presidente del club de fans local del FCB se llama, curiosamente, Ulli Hönes. Se suele decir que el fútbol escribe las historias más increíbles, pero a veces realmente se supera.

Elversberg está situada en el sureste del Sarre, a 15 kilómetros de Saarbrücken y a 25 de Francia. Se tarda algo más de una hora en llegar atravesando interminables colinas verdes y, de repente, uno casi ni se da cuenta de que ha llegado a su destino. Los carteles amarillos con el nombre de la localidad han vuelto a desaparecer: son un recuerdo muy codiciado. A cambio, el estadio se encuentra justo en la zona industrial a las afueras del pueblo, junto a una gasolinera y un supermercado. La tienda oficial está bastante concurrida un miércoles por la tarde durante el parón estival: hay camisetas, chanclas, pinzas para la barbacoa y chupetes con forma de panda, todo en los colores negro y blanco.

Asamblea municipal en el estadio

En el aparcamiento del estadio, con capacidad para quizá unos cientos de coches, espera Ulli Hönes, de 77 años y presidente del club de fans local del FC Bayern «Spieser Bazis». La escena resulta casi irreal. La capacidad del estadio se está ampliando hasta los 15.000 espectadores, las máquinas de construcción hacen ruido y los grupos de aficionados se hacen selfies. Pero en la localidad no hay estación de tren, ni semáforo delante del estadio, ni paso de peatones. Solo hay un estrecho carril bici junto a la carretera nacional, por el que quizá pueden caminar tres personas juntas. ¿Cómo será cuando pronto lleguen al Sarre el Bayern, el Dortmund y el HSV? «Entonces habrá estado de excepción», dice Hönes entre risas. Por fin habrá algo de movimiento por aquí.

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Tanto en el FC Bayern como en Elversberg existe ese sentimiento de familia. «Mia san mia». Y estamos ahí los unos para los otros.

Ulrich Hönes, presidente de los «Spieser Bazis»

En Elversberg realmente todo el mundo se conoce. Hönes saluda al responsable del césped del SVE. Después se encuentra con el alcalde de Elversberg, que, por supuesto, también es miembro del club de fans del Bayern. Bernd Huf está recibiendo estos días solicitudes de medios de comunicación de todo el mundo que quieren informar sobre el club del pueblo en la máxima categoría. «El club ha crecido más rápido que su entorno», afirma Huf. En 2021, el SVE aúm jugaba en Regionalliga. Huf guía brevemente a los visitantes por las obras. La Nordtribüne solo existe de momento sobre los planos. Kane y Olise tendrán que cambiarse en unos contenedores. También muestra las únicas localidades VIP de pie de la liga, con un soporte patentado para bebidas y currywurst. Pronto habrá una zona Business Lounge justo al lado de los banquillos y a ras de terreno de juego. «Ya tienen buenas ideas», dice Huf, aunque la capacidad de innovación del club deportivo le está dando mucho trabajo. El alcalde también tiene que ocuparse de la logística, el transporte de personas y el orden público los días de partido, algo que supone una carga para las arcas municipales. Pero hay un lado positivo: «El estadio pronto tendrá más localidades que habitantes tenemos. Cada dos semanas celebramos una auténtica fiesta del pueblo».

Una región en transformación

Hönes y Huf pasan junto al Kaiserlinde, el tilo que dio al estadio su nombre extraoficial. No es precisamente un árbol imponente: el antiguo tilo fue derribado por una tormenta hace once años. Pero hasta las plantas pequeñas pueden crecer. Ambos suben a la torre Galgenbergturm, de 17 metros de altura, desde donde contemplan el paisaje de colinas. «La mayoría de las colinas se formaron con escorias y residuos de la industria minera y metalúrgica», cuenta Huf. La ciudad no se fundó hasta mediados del siglo XIX, durante el auge del carbón, creció rápidamente y durante un tiempo fue una de las zonas con mayor densidad de población de Europa. Desde la torre todavía se pueden ver hoy algunos de los símbolos de la región: la mina de Heinitz, una antigua acería y las altas chimeneas de las fábricas, que ya no echan humo.

También muchos proveedores de la industria del automóvil de la región atraviesan dificultades. Numerosos comercios de Elversberg han cerrado y el desempleo se sitúa aproximadamente un 30% por encima de la media nacional. ¿Puede el fútbol generar un nuevo auge? «Por cada euro que los aficionados visitantes gastan en el estadio, se generan cuatro euros fuera de él en comida, alojamiento y ocio», explica Huf. El problema es que en Elversberg no hay grandes hoteles, apenas unos pocos restaurantes y ninguna vida nocturna. «Más bien será la región la que se beneficie del auge del fútbol», considera Huf, «pero para la gente de aquí es muy importante poder contar de nuevo una historia de éxito». En silencio, contempla la ciudad. En los jardines pueden verse banderas negras y blancas por todas partes. Todas las cajas de electricidad están pintadas de negro y blanco; alguien también tendrá que encargarse de mantenerlas limpias. El alcalde esboza una sonrisa forzada: «Al menos los grafitis están mejorando poco a poco». Solo en el jardín de Ulrich Hönes, en el barrio de Spiesen, ondea una bandera roja y blanca.

Miembros del club de fans del FC Bayern en Elversberg durante un encuentro en la sede del club.

Enge Verbindung

En casa de la familia Hönes: aquí se reúne el club de fans «Spieser Bazis» para ver cada partido del FCB. | © Tami Pirot

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Miembros del club de fans del FC Bayern en Elversberg durante un encuentro en la sede del club.
En casa de la familia Hönes: aquí se reúne el club de fans «Spieser Bazis» para ver cada partido del FCB. | © Tami Pirot

En el sótano de la casa de Hönes, el club de fans se reúne para ver cada partido del Bayern. Y, por supuesto, puede contar magníficas anécdotas sobre su relación con el «verdadero Uli Hoeneß», a quien admira por su inteligencia y franqueza. Como aquella vez en la que la WDR le llamó para pedirle unas declaraciones sobre el escándalo de drogas relacionado con Christoph Daum. Pero el FC Bayern no es ninguna broma para él. Es un «Rojo», un aficionado del Bayern. Toda su vida. En la primavera de 1973, lo recuerda perfectamente, visitó por primera vez el entonces ultramoderno Olympiastadion, con el primer sistema de calefacción del césped del país y una cubierta tan ligera, diáfana y elegante como el juego de Beckenbauer. Un día presenció una victoria del Bayern en casa ante el Ajax de Ámsterdam y, al día siguiente, regresó al estadio por motivos profesionales como proveedor de materiales para descargar la tierra roja que se utilizaría en el Mundial de Speedway. 

Entre Múnich y Elversberg hay 420 kilómetros. A pesar de esta gran distancia, existen muchos vínculos entre ambos lugares. Está el propio Hönes, que es tres años mayor que su famoso tocayo y que en los años 60 entrenó en la escuela de fútbol de Saarbrücken bajo las órdenes del que posteriormente sería seleccionador nacional, Jupp Derwall. Y está Klaus Müller, un sexagenario curtido por el sol cuya postura completamente erguida todavía deja entrever que en su día fue más rápido y fuerte que la mayoría. En 1987 jugaba en el FC 08 Homburg, en la Bundesliga, y, como no podía ser de otra manera, luchaba por evitar el descenso cuando en mayo el FC Bayern llegó al Sarre. Matthäus, Brehme, Kögl… acababan de perder por 1-2 ante el Oporto en la final de Viena y llevaban consigo la sombra de aquella derrota. «Eran muy buenos y muy rápidos, pero se notaba aquella decepción», cuenta Müller, que en la segunda parte marcó ante Jean-Marie Pfaff el gol del 2-2. «Eso salvó nuestra temporada», reconoce casi con vergüenza el aficionado del FCB. «Incluso llegué a celebrarlo».

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Es importante que volvamos a tener una historia positiva en el Sarre.

Bernd Huf, alcalde de Elversberg y miembro del club de fans del FCB

Historias como estas se encuentran por todas partes en Elversberg. «El fútbol lo une todo», dice Hönes. Y probablemente eso sea precisamente lo que ocurre. Los aficionados del Bayern levantan la vista hacia el caluroso cielo de verano. Antiguamente, cuando se encendía el horno de la cercana acería, el cielo se teñía de rojo. «El Niño Jesús está haciendo galletas», les decían a los niños. Pero desde hace más de 40 años, el cielo sobre Elversberg permanece oscuro.

Franz Kutsch, un hombre enérgico con gafas y una gorra del FCB, solo bebe cerveza en el vaso que recibió como despedida de la mina de carbón del Sarre. «Buena suerte en el último turno», se puede leer en él. Su antiguo lugar de trabajo estaba hasta 1.700 metros bajo tierra, uno de los pozos más profundos de Europa. Pero, como dice Franz, ¿qué significa eso de «último turno»? Uno es minero para siempre. «La brigada de rescate minera todavía se reúne», cuenta. «Cuando todos salían, nosotros entrábamos». La mentalidad de los mineros sigue marcando la región: trabajo duro, solidaridad y espíritu de comunidad. Suena como la receta para un buen equipo de fútbol. Quizá no sea casualidad que muchos clubes legendarios como Newcastle, Liverpool, Schalke, Lens o Bilbao procedan de regiones mineras. Elversberg es un recién llegado a estas alturas. «Pero lo que están haciendo», afirma Franz, «tiene mucho sentido y está bien hecho». En esta región no existe un elogio mayor.

Escenario y humildad

Josef Welzmüller no termina de aceptar este elogio. El bávaro, de 36 años, es desde la primavera secretario técnico del SV Elversberg, después de que el Borussia Dortmund fichara a su predecesor en plena recta final de la temporada. «Normalmente llegas a un club cuando hay una crisis», explica Welzmüller. Pero Elversberg formaba parte del grupo de cabeza de la segunda división desde la cuarta jornada y terminó la temporada en segunda posición. Welzmüller disfrutó del momento y «quiso apartar primero el ego y no estropear nada». Elogia la humildad y el esfuerzo de la región y del club. «Hemos crecido muy rápido en el plano deportivo», afirma. «En cuanto a infraestructura, todos los clubes de la Bundesliga están por delante de nosotros. Ahora estamos trabajando en ello». Solo un ejemplo: el centro de formación de Elversberg no es un edificio, sino un organigrama.

Un bávaro en el Sarre: Josef Welzmüller es secretario técnico del SVE desde abril.
Un bávaro en el Sarre: Josef Welzmüller es secretario técnico del SVE desde abril. | © Tami Pirot

Welzmüller jugó durante diez años como defensa central del Unterhaching y en una ocasión se enfrentó al Elversberg con el Haching en la promoción de la Regionalliga, y ganó. Al final de su carrera como futbolista, ejerció en el SpVgg como jefe de la defensa y secretario técnico al mismo tiempo, interesado tanto por lo que ocurría sobre el terreno de juego como por las ideas que había detrás de todo lo que sucedía entre bastidores. Al mismo tiempo, este economista especializado en el deporte se doctoró en el FC Bayern con una tesis sobre los nuevos mercados en el negocio global del fútbol. Ahora se siente muy a gusto en el pequeño Elversberg y cree que jugadores como Maurice Krattenmacher, que acaba de pasar del FC Bayern al SVE, también saben apreciar esta atmósfera tan especial. «Somos el mejor lugar para que los jóvenes talentos de primer nivel den el siguiente paso», afirma Welzmüller. Y en los últimos años han sido muchos los grandes talentos que han confirmado esta teoría: el internacional alemán Nick Woltemade jugó en el Sarre hasta 2023. Paul Wanner duplicó su valor de mercado en 2024, pasando en apenas seis meses a ocho millones de euros. El delantero Fisnik Asllani, por el que ahora compiten los grandes clubes de las principales ligas europeas, lo incrementó incluso en más de un 500%. Historias de éxito como estas también facilitan el trabajo de Welzmüller. «Aquí los talentos tienen el gran escenario de la Bundesliga», explica, «pero después del pitido final también pueden disfrutar de tranquilidad y llevar una vida normal». Hace una breve pausa: «En Elversberg es difícil perder los pies del suelo».

El vértigo de lo nuevo

Pequeña encuesta en el club de fans del FC Bayern en Elversberg: ¿quién debería ganar en el primer enfrentamiento, el FCB o el SVE? El resultado: un 50% desea un empate, un 20% una victoria del Bayern y nada más y nada menos que un 30% anima al SVE. Porque «somos tan buenos y, de todas formas, no necesitamos los puntos», como opinan muchos. Porque el cuento de hadas no debería terminar. Y quizá el gran Bayern y los pequeños del Sarre estén, de algún modo, emparentados, como apunta Ulli Hönes: «En ambos clubes existe ese sentimiento de familia. ‘Mia san mia’. Y estamos ahí los unos para los otros».

El ambiente tan especial alrededor del pequeño Kaiserlinde cautivó a los aficionados visitantes en la 2 Bundesliga. Todos los aficionados del Bayern de Elversberg cuentan historias de encuentros entrañables, hermanamientos espontáneos y frases como la de un aficionado del Schalke que, desbordado de alegría, exclamó: «Así es como tiene que ser el fútbol. No me vuelvo a ir de aquí».

Escultura de madera cerca del estadio del Elversberg.
La escultura de madera situada cerca del estadio no representa a ningún futbolista concreto del Elversberg… ¡todavía! | © Tami Pirot

El motivo de la euforia que uno cree percibir incluso este miércoles cualquiera, en pleno parón veraniego, no son edificios singulares ni espectaculares tifos de aficionados. Al contrario: se trata de apertura y vacío, de la ausencia de carteles, barreras y rituales establecidos que encarrilan el fútbol por caminos ya marcados. En Elversberg no existe un «siempre lo hemos hecho así». Porque algo así nunca había existido.

Pero ¿cuánto puede durar esta euforia de lo nuevo? ¿Cuánto tardará en surgir una rivalidad local con el Mainz, situado a tan solo 90 minutos en coche? En agosto, los ultras del Saarbrücken pintaron un gran grafiti en un puente cercano de la autopista: «Elversberg se queda en el pueblo».

Exdelantero de la Bundesliga Klaus Müller sentado frente a una bandera del FC Bayern.
Gol de oro: el aficionado del Bayern Klaus Müller marcó en 1987 para el Homburg ante el FCB. | © ta

El secretario técnico Josef Welzmüller responde: «Nada nos gustaría más. Queremos seguir siendo un pueblo». El tamaño o, mejor dicho, el pequeño formato del SVE es su superpoder. «Tenemos mucha tranquilidad para reflexionar y, al mismo tiempo, procesos de decisión muy cortos», explica. «Eso hace que tomemos muchas buenas decisiones». Una de sus principales tareas es «dejar grabado en piedra» el impulso del SVE: «Nuestra idea de juego, ser valientes hacia delante y tener perfiles de posición claros», señala. «Siempre ficharemos entrenadores que apuesten por un fútbol activo». Así, la identidad del Elversberg debe mantenerse, aunque jugadores, entrenadores y dirigentes vayan llegando y marchándose. «Tenemos un plan claro», afirma Welzmüller.

Para él, es un gran honor enfrentarse a los mejores equipos del país, «no por un afortunado sorteo de Copa, sino semana tras semana en la liga». La preparación del SVE para la Bundesliga fue bien: empató ante el Real Mallorca, que tres días antes había ganado 3-0 al PSG. En la Copa DFB, el equipo eliminó con solvencia al MSV Duisburg. Josef Welzmüller lo tiene claro: «Tengo muchísimas ganas de dar la sorpresa».

El 13 de septiembre tendrán la oportunidad de hacerlo, cuando el FCB llegue al Sarre. Ulli Hönes y los suyos estarán allí. Será un partido nocturno. Puede que entonces el cielo sobre Elversberg vuelva por fin a iluminarse.

El texto apareció en la edición de septiembre de la revista del FC Bayern «51».

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